Invitado especialmente por el Departamento de Artes del Movimiento del IUNA, el especialista en artes performativas Christophe Wavelet presentó una conferencia denominada “Políticas Culturales en Artes Preformativas. Panorama actual de la danza en Francia”.
El 1 de septiembre, y en el marco de UNIART, el destacado performer, crítico de arte y curador Christophe Wavelet presentó una conferencia sobre las políticas culturales y el panorama actual de la danza en Francia.
En esta conferencia, que se realizó en la Sala Bioy Casares del Centro Cultural Borges, Wavelet desarrolló la cuestión de las políticas culturales en su país, mediante un recorrido histórico que denominó "una arqueología de lo que permitió la aparición de la escena de la danza contemporánea en Francia”.
Para Wavelet, lo que se piensa como destino de la modernidad artística en Francia debe ser enmarcado entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, a partir de nombres propios “que han sido fetichizados a lo largo de la historia, como Loie Fuller, Isadora Duncan y Les Ballets Russes de Diaghilev, quienes estuvieron muy presentes en la escena artística francesa. Más adelante, vendrían Kurt Joos y Oskar Schlemmer, para quien eran indisociables los aspectos coreográficos y plásticos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la danza se va a estructurar a partir de dos líneas, una que proviene de Alemania, a través de Mary Wigman, y la otra, con la reactivación del ballet de una forma neoclásica que va a ser promulgado por políticas estatales”, explicó.
Ante el público presente, el importante investigador repasó los acontecimientos socioculturales que, tras la Segunda Guerra Mundial y a partir de la década del ’60, conformaron el panorama de la danza contemporánea. “En los años ’60 se registra una herencia modernista, el surgimiento de una danza experimental no profesional que va a tener importancia después de mayo del ’68, en que la sociedad francesa comienza a movilizarse políticamente y una revolución sexual a partir de la cual el cuerpo será reinterpretado”, dijo Wavelet.
Con el surgimiento del concurso coreográfico de Bagnolet o los Festivales de Nancy o de Otoño, la escena coreográfica francesa descubre artistas de otros países, como Pina Bausch y Kazuo Ohno. En 1978 se crea la Escuela del Centro Nacional de Danza Contemporánea, dirigida por Alwin Nikolais y, más tarde, por Viola Faber, donde el término “contemporáneo” es considerado como etiqueta institucional. Según considera Wavelet, “la elección de estos artistas para dirigir la escuela de danza contemporánea muestra la influencia que ejerce la danza norteamericana en Francia. Si el Estado francés actuó de este modo es por la demanda de la nueva escena coreográfica”.
En su disertación, Christophe Wavelet habló de la importancia de la política cultural pública que tuvo lugar en los años ’80, que estructuró la situación de la danza contemporánea francesa hacia el interior del país y la promovió hacia el exterior. “En 1983 Jack Lang, ministro de Cultura del gobierno de Mitterrand y director del Festival de Nancy, otorga una subvención del Estado para la danza contemporánea, lo que permitió que la escena francesa se estructure y se exporte. Esto no volvió a repetirse hasta la actualidad. Creo que Miterrand entendió que el prestigio cultural de Francia debía ser mantenido en un contexto geopolítico diferente después de la Segunda Guerra Mundial a través de una política cultural de importantes medios financieros”.
Christophe Wavelet señaló que esta política cultural se tradujo en dispositivos institucionales que aún se mantienen, como los 19 centros coreográficos nacionales creados en el interior de Francia con la intención de descentralizar la cultura, con el objetivo de crear y difundir obras coreográficas a nivel local, regional y nacional. También se crearon Conservatorios Nacionales de Artes Dramáticas, de Música y lo que en Francia se conoce como Escenas Nacionales, destinadas a producir y difundir las artes. A tono con esta política cultural, toma relevancia la investigación con la creación del primer Departamento de Investigación en Danza. Estos dispositivos públicos beneficiaron no solo a los artistas franceses sino también a los extranjeros.
Según explicó el artista e investigador, en los años ’90 la mayor crisis sobrevino con el SIDA, que afectó muy profundamente a la danza contemporánea en Europa: “esta enfermedad tiene sus consecuencias directas sobre el cuerpo. Esta situación afectó desde esta perspectiva a quienes la sufrieron. El impacto de la epidemia del SIDA en la danza contemporánea sólo fue investigado en los Estados Unidos desde el plano teórico, pero no en Europa. Es posible que la escena artística en los ’90 no haya podido emerger como emergió sin este impacto”.
Los años ’90 interpelaron el presente a partir del pasado. Para Wavelet, “la mundialización económica que toca a las artes visuales, al cine o a la música es la misma para la danza. Las políticas culturales neoliberales no estuvieron sostenidas por los mismos ideales de las de los ’80. En los ’90, en nuestras sociedades neoliberales se confundió arte con cultura como un nuevo medio de mercado. Esta situación continúa hasta la actualidad. Las tres grandes políticas culturales europeas, que son la alemana, la belga y la francesa, son amenazadas cada año. Hay cada vez menos espacio para la experimentación. Aunque desde el discurso se dice mantener esas políticas culturales, el arte es cada vez más una anexión de la idea de cultura, de turismo, de mercado: la industria cultural”, concluyó.